INICIAR EL CAMBIO ES CUESTIÓN DE ACTITUD

A estas alturas ya deberíamos de tener claro que necesitamos evolucionar y adaptarnos para sobrevivir. Que cambiar supone un riesgo, pero que aún es más arriesgado no hacer nada. Y, sin embargo, nos cuesta salir de nuestra zona de confort.

 

¿Cambiar? Sí, pero ¿para qué?

De entrada, para no quedar obsoletos y responder con más agilidad a los retos de nuestro entorno, para aprender a trabajar de una forma más colaborativa, en equipo, con mayor transparencia. Pero, sobre todo, para crear una cultura sana, en la que progresar y crecer profesionalmente, compartiendo un mismo propósito y unos mismos valores.

La clave está en saber adaptarnos, en poner por delante el beneficio del grupo antes que el propio. Desde luego, no es tarea fácil, estamos hablando de personas, con sus emociones e inquietudes. Se cometen errores, pero podemos aprender de ellos, lo importante es la voluntad de avanzar, de abandonar nuestro status quo y de luchar por un fin que valga la pena.

 

Las dos palancas de la transformación

Se habla mucho del empoderamiento, de la descentralización en la toma de decisiones, de una mayor delegación de responsabilidades y un menor control. Pero para que el empoderamiento sea efectivo, mucho antes se tiene que crear un ecosistema de información compartida, un flujo de información constante que alimente esa inteligencia compartida y permita que se puedan tomar las mejores decisiones, con una visión global del proyecto. De esta manera, esa conciencia compartida permitirá un empoderamiento exitoso, basado en la confianza y en el apoyo del equipo.

Y es que, al final, los éxitos vienen del trabajo colectivo, la comunicación interna, la cooperación y la transparencia entre equipos y departamentos.

 

La cultura unida al deporte

El trabajo en equipo comparte unos mismos valores con el deporte:

integridad, honestidad, esfuerzo, espíritu de superación, compromiso con el equipo. Por ello, al igual que los jugadores, los empleados tienen que ser los protagonistas de nuestro proceso de transformación. Para que haya cambio tiene que haber participación.

 

Nuestra cultura nos define como equipo

Los mejores equipos se definen por su foco en grandes objetivos, una estrategia clara y un estilo de juego definido. De la misma manera, una cultura sana debe tener un gran objetivo: foco en el cliente, en sus necesidades, en su customer journey. Para lograrlo, se trabaja una estrategia clara: información compartida, comunicación constante y empoderamiento, basado en la responsabilidad y el buen juicio. Y se lleva a cabo a través de un estilo de juego reconocido: con una actitud más valiente y osada, frente a la cautela y el inmovilismo.

 

Transformarnos para seguir siendo atractivos

Cuando hablamos de transformar la organización no se trata de hacer las cosas mejor que antes. Se trata de hacerlo diferente, para obtener resultados diferentes. Para ello, deben cambiar las personas, a través de una actitud valiente y positiva, abierta al cambio. Y eso solo se producirá si hemos sembrado previamente un clima de transparencia y confianza, donde la voluntad de evolucionar y la agilidad para adaptarse formen parte del ADN y la cultura de la empresa.

De este modo, todos aprendemos, mejoramos y disfrutamos más de nuestro trabajo, haciéndolo más enriquecedor y creativo, para seguir siendo relevantes y atractivos ante nuestros clientes.

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